La Basílica de Notre‑Dame de la Garde es uno de los monumentos más emblemáticos de Marsella. Se encuentra en la colina más alta de la ciudad y ofrece una vista panorámica del puerto y del mar Mediterráneo. Fue construida en el siglo XIX en estilo neobizantino y es un importante lugar de peregrinación. En su cima destaca una gran estatua dorada de la Virgen María que protege simbólicamente a los marineros y a la ciudad. Hoy es un símbolo cultural, religioso y turístico muy querido por los habitantes de Marsella.
El puerto viejo y el Panier
El Puerto Viejo de Marsella es el corazón histórico de Marsella y ha sido su principal puerto desde la antigüedad. Hoy está rodeado de cafés, restaurantes y muelles donde se pueden ver barcos de pesca y yates. Muy cerca se encuentra Le Panier, el barrio más antiguo de la ciudad. Sus calles estrechas y empinadas conservan un ambiente tradicional y pintoresco. En el Panier se pueden descubrir pequeñas plazas, arte urbano y talleres de artistas. También destaca la La Vieille Charité, un importante edificio histórico y cultural. Este barrio refleja la mezcla de culturas que caracteriza a Marsella. Juntos, el Puerto Viejo y el Panier forman una de las zonas más auténticas y visitadas de la ciudad.
El palacio Longchamp
El Palacio Longchamp es uno de los monumentos más impresionantes de Marsella. Fue inaugurado en 1869 para celebrar la llegada del agua a la ciudad a través del canal de la Durance. El palacio destaca por su arquitectura monumental, con una gran fuente central, columnas y esculturas. En su centro se encuentra un majestuoso arco que conecta dos alas simétricas del edificio. En una de ellas está el Museo de Bellas Artes de Marsella y en la otra el Museo de Historia Natural de Marsella. El lugar está rodeado por el hermoso Parque Longchamp, un espacio verde muy apreciado por los habitantes. Sus jardines, cascadas y estatuas crean un ambiente tranquilo y elegante. Hoy es un sitio cultural y turístico muy importante de Marsella.